LGBT+

La sombra de la homofobia acecha la fiesta del fútbol en México

fútbol

Redacción: Arely Negrete 

A medida que el reloj avanza hacia la patada inicial de la Copa del Mundo 2026, el fútbol mexicano se enfrenta a un viejo y persistente adversario que no lleva tacos ni uniforme, el cántico homofóbico.  

Tras un periodo de relativa calma en el que solo se escuchó de forma esporádica en torneos locales, el insulto que ha perseguido a la Selección Mexicana y a la Liga MX por más de dos décadas ha resurgido con una fuerza alarmante, encendiendo las alarmas en la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) y en la FIFA.  

Lo que alguna vez se intentó minimizar como un uso cultural o una tradición inofensiva, hoy representa el mayor riesgo reputacional y deportivo para México en su papel de coanfitrión. El resurgimiento no es sutil; en los últimos meses, el grito ha pasado de ser un eco lejano a una presencia tronante en escenarios internacionales. 

El comportamiento de la afición parece estar intrínsecamente ligado al marcador, pero también al desempeño emocional; pues recientemente, durante la Copa de Campeones de la Concacaf, el grito se escuchó con fuerza en la tribuna cuando el panorama deportivo se tornó oscuro para equipos como el América y el Cruz Azul.  

Esta correlación entre la derrota y la discriminación preocupa profundamente a las autoridades: si el desempeño del Tricolor flaquea en su propia casa durante el Mundial, el estadio podría convertirse en una caja de resonancia para el insulto. A pesar de que el equipo nacional llega a 2026 con un aire renovado manteniéndose invicto en sus últimos cinco encuentros tras un 2025 de claroscuros, la sombra del pasado es alargada.  

Ivar Sisniega, presidente de la FMF, reconoce que, aunque existen campañas de concientización como Somos México, la persistencia de estos episodios demuestra que la conciencia social aún no ha ganado el partido definitivo. La FIFA no planea ser un espectador pasivo en esta edición. El organismo rector se ha asociado con la red Fare Network para desplegar observadores especializados en cada partido, con la misión de detectar cualquier rastro de discriminación en cánticos o pancartas. 

 Las sanciones no son una amenaza vacía; la FMF ha acumulado al menos 19 multas desde Brasil 2014, además de castigos severos que obligaron a jugar partidos a puerta cerrada en 2022. Para México, las implicaciones de un castigo durante el Mundial serían catastróficas, pues ser sancionado en casa sería visto como una vergüenza para el país. 

Desde la perspectiva de los derechos humanos, el impacto trasciende lo deportivo. El activista Andoni Bello subraya que la permisibilidad de este grito en los estadios valida una cultura de agresión que puede escalar a ataques físicos. En un país donde más de 5 millones de personas se identifican como parte de la comunidad LGBT+, lo que ocurre en el estadio es un reflejo de la violencia social.  

Esa idea de que no pasa nada provoca que los crímenes de odio se sigan viendo como algo culturalmente aceptable por ciertos sectores. México se encuentra ahora en una encrucijada histórica. Con partidos de la fase de grupos programados en la Ciudad de México y Guadalajara sitio donde se cree que nació el grito hace 20 años, el país tiene la oportunidad de mostrar su mejor cara o quedar marcado por una conducta que el fútbol moderno ya no tolera.  

Mientras algunos aficionados confían firmemente en que el alto costo de los boletos y el ambiente festivo disuadirán el uso del insulto, los recientes incidentes en partidos contra Portugal y Nashville SC, donde los árbitros tuvieron que suspender el juego, sugieren que la batalla por erradicar el grito aún está muy lejos de terminarse. 

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