Redacción: Ana Ruiz
Los depredadores no llegan vestidos de diablos, llegan con traje y corbata. Samuel Bateman llego a la secta después del arresto de su fundador Warren Jeffs autoproclamándose como el profeta que Dios había mandado.
La llegada de ‘Confía en mí: El falso profeta’ al catálogo de Netflix el pasado 8 de abril ha generado un impacto inmediato en la audiencia. En menos de un día, la miniserie de 4 capítulos se ha colocado entre los contenidos más vistos, alcanzando el segundo puesto del ranking nacional y consolidando el atractivo del género documental criminal contemporáneo.
Catalogado como uno de los documentales más sorprendentes del año y uno que sin duda te dejará sin aliento. Cuando uno piensa que has visto todo lo habido y por haber sobre el mundo de las sectas, llega este tipo de documentales que demuestran que no es así, que siguen existiendo monstruos que lamentablemente van más allá de lo que cualquiera podría imaginarse.
Durante años, fue Warren Jeffs quien lidero esta secta, y quien acabó siendo condenado por abusos a menores. Sin embargo, su caída no fue el final del problema. Y ahí es donde entra en escena Samuel Bateman. Bateman un hombre que se había proclamado como el “heredero de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IFSUD)” y que se hizo de poder en esa secta comenzó a ejercer maldad sobre las mujeres.
Fue detenido en agosto de 2022 por la policía estatal mientras conducía por Flagstaff tirando de un remolque. Alguien había alertado a las autoridades tras ver unos dedos pequeños asomándose entre las rendijas de la puerta. En el interior del remolque, que carecía de ventilación, encontraron un retrete improvisado, un sofá, sillas de camping y tres niñas de entre once y catorce años de edad.
A medida que avanza la historia, la tensión aumenta al descubrirse indicios de abusos y dinámicas coercitivas que afectan especialmente a las mujeres del entorno. La investigación deja de ser un simple trabajo documental para convertirse en una intervención delicada, en la que cada paso implica riesgos tanto para los infiltrados como para las posibles víctimas.
Uno de los elementos más destacados es el uso de material real, grabaciones inéditas y testimonios directos que aportan autenticidad al relato. Esta combinación permite reconstruir los hechos desde dentro, ofreciendo una perspectiva poco habitual que evita la distancia narrativa y apuesta por una experiencia más inmersiva y emocionalmente intensa.
La justicia afirmó que Bateman llegó a tener más de 20 “esposas espirituales”, muchas de ellas menores de edad. El funcionamiento interno de la secta era tan extremo como inquietante: confesiones públicas obligatorias, castigos humillantes y una obediencia total al líder.

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