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Islas Marías: la vida productiva detrás del archipiélago

a vida productiva detrás del archipiélago
Fotografía: Marlone Serrano

Redacción Marlone Serrano

Recorre la Salinera, la Calera, la Camaronera y la antigua prisión de máxima seguridad para descubrir cómo internos y familias construyeron una comunidad productiva en medio del aislamiento. Un viaje que combina patrimonio histórico, memoria, naturaleza y turismo cultural en el Pacífico mexicano. 

Las Islas Marías no solo fueron un espacio penitenciario: también fueron un lugar de trabajo, producción y resistencia. Durante décadas, los internos y sus familias sostuvieron la vida isleña a través de actividades productivas que hoy forman parte de los recorridos turísticos. Conocer la Salinera, la Calera, la Camaronera y la prisión de máxima seguridad es comprender cómo la isla se transformó en un microcosmos económico y social. 

La Salinera: oro blanco del Pacífico 

La Salinera fue uno de los motores económicos de la colonia. Los internos extraían sal de las lagunas costeras, un recurso vital para la conservación de alimentos y el comercio local. El proceso era arduo: largas jornadas bajo el sol, cargando costales y trabajando en condiciones extremas. Hoy, recorrer la salinera es observar cómo la naturaleza y el esfuerzo humano se combinaron para sostener la vida en la isla. 

La Calera: piedra y construcción 

La Calera muestra cómo los internos producían cal a partir de piedra caliza, utilizada en la construcción de viviendas, talleres y espacios comunitarios. Cada muro y cada edificio de la isla guarda la huella de ese trabajo. Para los visitantes, es un recorrido que conecta con la historia arquitectónica de la colonia penal y con la capacidad de los colonos para transformar los recursos naturales en infraestructura. 

La Camaronera: sustento del mar 

La Camaronera refleja el vínculo de la isla con el mar. La pesca de camarón fue una actividad clave para la alimentación de los internos y sus familias. Los colonos aprendieron técnicas de captura y procesamiento que aún se recuerdan como parte de la tradición isleña. Hoy, la camaronera es un espacio que invita a reflexionar sobre la relación entre trabajo, subsistencia y comunidad. 

Prisión de máxima seguridad: memoria penitenciaria 

La visita a la prisión de máxima seguridad es una experiencia fuerte, pero necesaria para comprender la historia reciente. Construida durante la transición a Cefereso en tiempos de Felipe Calderón, albergó a miles de internos en condiciones de aislamiento extremo. Recorrer sus pasillos y celdas es enfrentarse a la memoria de un sistema penitenciario que marcó la identidad de la isla. 

Una mirada integral 

Estos espacios productivos e industriales muestran que las Islas Marías fueron más que un penal: fueron una comunidad que trabajó, construyó y se sostuvo en medio del aislamiento. Para los visitantes, recorrer la salinera, la calera, la camaronera y la prisión es comprender cómo la isla funcionaba como un mundo aparte, con su propia economía y dinámica social. 

Visitar las Islas Marías es descubrir no solo su belleza natural, sino también la historia de quienes trabajaron y vivieron en ellas. Cada recorrido —de la salinera a la prisión de máxima seguridad— es una oportunidad para reflexionar sobre la capacidad humana de resistencia y transformación. 

a vida productiva detras del archipielago
Fotografía: Marlone Serrano

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