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Doomscrolling: el nuevo hábito digital que desgasta tu mente y así puedes ponerle un límite

Doomscrolling

Redacción Atziri Gomez 

El doomscrolling, o consumo excesivo de noticias y contenido negativo en internet, puede afectar el estado de ánimo, el descanso y la vida social. Expertos explican cómo identificar este hábito y reducir su impacto. 

Deslizar una pantalla durante minutos puede parecer una actividad cotidiana, pero cuando ese comportamiento se extiende durante horas y se convierte en una búsqueda constante de noticias o contenido negativo, podría tener efectos en el bienestar emocional. Este fenómeno es conocido como doomscrolling y cada vez genera más atención por sus posibles consecuencias en la salud mental y en los hábitos diarios. 

Muchas personas han experimentado la sensación de abrir una red social o plataforma digital con la intención de revisar una actualización rápida y terminar consumiendo publicaciones durante largos periodos de tiempo. En ocasiones aparece la idea de detenerse, aunque resulte difícil abandonar el flujo constante de información, ese patrón es precisamente uno de los elementos que caracteriza este comportamiento digital. El término comenzó a popularizarse en 2020 y hace referencia al consumo repetitivo de contenido asociado con situaciones negativas o preocupantes.  

De acuerdo con Craig Sawchuk, psicólogo de Mayo Clinic en Rochester, este tipo de conducta tiene relación con una respuesta emocional natural, según explica el especialista, tanto las emociones como los comportamientos suelen tener una función y, en este caso, muchas personas buscan comprender mejor lo que ocurre a su alrededor para sentirse preparadas. 

Sin embargo, el problema aparece cuando la necesidad de mantenerse informado deja de ser útil y comienza a convertirse en una actividad obsesiva que no genera respuestas ni soluciones, parte de este comportamiento también está relacionado con el funcionamiento del cerebro humano, que históricamente ha desarrollado una mayor atención hacia aquello que representa novedad o una posible amenaza como mecanismo de supervivencia. 

En el entorno digital actual, esa capacidad de detectar riesgos puede convertirse en una exposición constante a información negativa, aunque al inicio pueda existir una sensación de interés o control, después de largos periodos navegando entre contenidos es posible experimentar ansiedad, irritabilidad, desánimo, frustración o sensación de impotencia. 

Además del impacto emocional inmediato, este hábito también puede influir en otras áreas de la vida cotidiana, una de ellas es el descanso. Cuando el consumo ocurre durante la noche, el tiempo frente a la pantalla puede retrasar la hora de dormir y afectar el estado de ánimo al día siguiente. 

También existe un efecto sobre la convivencia social, el tiempo que se destina a revisar contenido en línea puede reducir espacios para compartir con otras personas. A esto se suma una disminución de actividades físicas y del contacto con entornos que favorecen la recuperación emocional, como el ejercicio o pasar tiempo al aire libre. 

Especialistas recomiendan comenzar por reconocer el comportamiento y establecer límites concretos, algunas estrategias incluyen hacer pausas cada pocos minutos para revisar cómo se siente el cuerpo y el estado emocional, reducir el tiempo diario entre 15 y 10 minutos en momentos específicos y sustituir parte del tiempo en pantalla por actividades como caminar, descansar o convivir con otras personas. 

Aunque mantenerse informado es parte de la vida digital, encontrar un equilibrio puede marcar una diferencia importante en la relación que cada persona mantiene con el contenido que consume. Incorporar actividades como el ejercicio, el descanso y momentos de desconexión puede ayudar a construir hábitos más saludables. 

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