Estilo de vida Bienestar

Investigadores determinan la ventana horaria idónea para el ejercicio en adultos con sobrepeso

EJERCICIOS

Redacción: Michelle Velázquez Belmont 

Mejor hora para hacer ejercicios, mayores de 40 años: Estudio científico de entrenamiento, sobrepeso, ritmos circadianos y salud metabólica. 

Ya no es necesario levantarse al amanecer para mantenerse en forma. Un reciente estudio científico ha revelado que el momento ideal para que las personas mayores de cuarenta años que padecen exceso de peso realicen actividad física es durante el tramo final del día.  

Un grupo de científicos pertenecientes a la Universidad de Sídney ha descubierto que llevar a cabo el entrenamiento entre las seis de la tarde y la medianoche aporta los mayores beneficios para la salud de este sector de la población. Tras un exhaustivo seguimiento que se prolongó por casi una década, los expertos comprobaron que quienes concentraban su esfuerzo físico en este horario vespertino y nocturno lograban reducir de forma notable las probabilidades de desarrollar patologías del corazón. 

Esta investigación, que vio la luz en la prestigiosa publicación médica Diabetes Care, se fundamentó en el análisis de cerca de treinta mil personas adultas con problemas de obesidad severa. Las conclusiones principales evidenciaron que aquellos participantes que optaban por ejercitarse en las últimas horas de la jornada disfrutaban de una mayor longevidad y sufrían menos accidentes cardiovasculares en comparación con quienes preferían entrenar por las mañanas o repartían el esfuerzo a lo largo de todo el día.  

Los directores del proyecto subrayan que la hora en la que se decide hacer deporte podría convertirse en un elemento clave dentro de las futuras guías médicas diseñadas para combatir el sobrepeso de manera eficaz. Para llegar a estas certezas, el equipo monitorizó detalladamente a casi treinta mil individuos de mediana edad y mayores, incluyendo a una cantidad significativa de pacientes que también padecían diabetes tipo dos.  

Mediante el uso de dispositivos electrónicos colocados en las muñecas, se contabilizaron rigurosamente todos los movimientos de intensidad moderada o alta que duraran un mínimo de tres minutos seguidos. Al cabo de los años de observación, se contrastaron estos datos de movimiento con las tasas de mortalidad y con los problemas de salud circulatoria que surgieron en el grupo. 

El descubrimiento más sorprendente del análisis fue que la regularidad con la que se iniciaban estos periodos breves de ejercicio resultaba mucho más determinante para el bienestar que el tiempo total acumulado al final de la jornada. Moverse con fuerza en bloques concentrados de al menos tres minutos ofrece una protección superior frente a enfermedades que simplemente realizar pequeños esfuerzos dispersos.  

Además, los autores aclararon que no es obligatorio acudir a un gimnasio o practicar un deporte tradicional; cualquier actividad que incremente las pulsaciones es completamente válida. Esto abarca desde caminar deprisa, subir peldaños de escaleras o correr, hasta realizar tareas domésticas que exijan un esfuerzo físico contundente, demostrando que la clave reside en aprovechar el final del día de forma enérgica. 

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