Sentada en un café de la Rue Vaneau descubro que Paris no se mide únicamente por sus monumentos, ni por las salas impresionantes de sus museos, sino por la manera en que sus calles y cafés se convierten en salas de exposición. Allí, entre el murmullo de las conversaciones, el aroma a café, y las patisseries de Paris, se expone una cultura que no necesita marcos dorados.
El viajero es curador de un museo invisible: selecciona escenas, guarda silencios e interpreta miradas.
Viajar entonces, no es acumular postales, ni perseguir monumentos, es aprender a mirar lo que no se exhibe, lo que no se vende, lo que permanece en nuestra memoria. Es aceptar que el verdadero museo está en la experiencia propia del viajero, en esa capacidad de transformar lo cotidiano en arte y lo efímero en memoria.
Ese museo nos recuerda que la cultura no está solamente en vitrinas, sino en los gestos cotidianos que puedes observar en la ciudad. Viajar al final, es aprender a mirar lo que no se exhibe, lo que no se vende, lo que permanece.
Viajar nos recuerda que la cultura no es un lujo, sino una necesidad: nos enseña a mirar con atención, a reconocer lo invisible y a valorar lo cotidiano. Paris, como tantas capitales culturales, nos demuestran que el verdadero aprendizaje no está en acumular lugares visitados, sino en regresar transformados, con una mirada más amplia y un corazón más despierto.
Profa. Mayra Núñez P.
You tube Mayra Gallery Art.
Galeria Mayra.
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