Poco se habla de los poderosos beneficios emocionales que resulta el hacer ejercicio y movernos diariamente. ¿Por qué priorizar los efectos físicos y estéticos por lo que es sano también para nuestras emociones?
Redacción Carlos Villa
Es inevitable que el cuerpo funcione óptimamente si no está bien de sus tres dimensiones integrales: la salud física, emocional y social. La primera es quizá la más complicada de mantener sanamente, pero precisamente al ser la que más importancia tiene en las personas, se descuidan las otras dos. Lo cierto es que, a pesar de muchos años de silencio, la salud mental tiene que ser igual de primordial que un cuerpo sano, que tenga relaciones humanas afectivas y sepa gestionar adecuadamente sus emociones.
Algo que también es innegable es la cantidad de veces que expertos han recomendado realizar algún tipo de actividad física por lo menos diariamente 30 minutos, el hecho de que nuestro cuerpo no esté estático la mayor parte del tiempo, que tengamos cierto dinamismo y movimiento de cada extensión de nuestro cuerpo, es decir desde las piernas hasta los brazos ¿tendrá algún beneficio?
Y por supuesto que los efectos benéficos para el cuerpo que resulta hacer ejercicio los conocemos y son muchos, desde un intercambio químico de explosión y liberación de hormonas, el fortalecimiento de los músculos y las defensas para el combate a las enfermedades o la reducción del estrés para el resto del día.
Sobre este último ¿Qué tanta importancia se les da a los beneficios emocionales de hacer ejercicio? Siempre se priorizan los resultados superficiales, aquellos que solo le importan al cuerpo físico. Pero a la mente y a la regulación de las emociones el hecho de moverse y cansarse le ayuda más de lo normal.
En su libro titulado “lenguaje sin palabras” Bárbara Tijerina resalta la importancia de cómo el cuerpo necesita estar en constante dinamismo y activación para que así también cualquier peso emocional que cargue la mente pueda distribuir su energía por todo el cuerpo y así, desde otro ángulo, las cosas parezcan mejor.
Menciona “la flexibilidad en el cuerpo y la movilidad ayudan también ayudan a que el pensamiento sea más maleable y adaptable a los cambios. Toda la musculatura fluye y libera las emociones estancadas. La sangre se mueve, el aire entra y sale de los pulmones”.
“La vida es movimiento, y es importante movernos para liberar la tristeza” afirma también la autora, reforzando la idea de que por muy -nulo- que sea el movimiento y que no fortalezcan los músculos en cuestión de repetición como generalmente ocurren en las rutinas de los gimnasios, el hecho de que el cuerpo no esté quieto le alivia considerablemente a la mente.
Así que razones físicas por las cuales hacer ejercicio sobran, las conocemos y quizá sean suficientes: prevenir enfermedades y llegar a una vejez con autonomía y consistencia. Pero también es importante explorar cada vez más en las razones emocionales por las cuales el ejercicio es vital para nuestro día a día.
A pesar de un día extenuante de trabajo, de pasar dos horas sentado perdido en el caos de esta inmensa ciudad, atrapado en una manifestación, haber dormido menos de ocho horas o largos tiempos de transbordo en el transporte público: muévete, ayúdale a tu mente a que lo que te agobia cambie de perspectiva y le encuentres una solución.
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