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Conoce el diseño emblemático que tiene el Monumento a la Revolución

Conoce el diseño emblemático que tiene el Monumento a la Revolución
Redacción: Amairany Ramírez

El Monumento a la Revolución en la Ciudad de México es un ícono arquitectónico con una historia fascinante. Originalmente concebido como el Palacio Legislativo de México durante el régimen de Porfirio Díaz, este ambicioso proyecto buscaba competir con el Capitolio de Estados Unidos. Sin embargo, la construcción se detuvo debido al estallido de la Revolución Mexicana. Posteriormente, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, junto con el escultor mexicano Oliverio Martínez, rescató la obra inconclusa diseñada por el arquitecto francés Émile Bénard. Así nació el monumento que conocemos hoy. 

Desde su inauguración en 1938, el monumento ha tenido diversas funciones. Durante tres décadas, funcionó como un mirador público, ofreciendo vistas panorámicas de la Ciudad de México desde sus 52 metros de altura. Sin embargo, en 1970, el elevador que permitía ascender fue clausurado de forma permanente. En el 2010, con motivo del Centenario de la Revolución Mexicana, las puertas del interior y del mirador se abrieron nuevamente para los habitantes de la CDMX gracias al proyecto Revolucionarte. Este concepto busca mantener vivo el espacio del monumento, sorprendiendo a los visitantes con exposiciones, conciertos y manifestaciones artísticas. 

En el interior, puedes explorar la Galería Paseo Cimentación, ubicada un nivel abajo del vestíbulo. Esta galería, diseñada en una estructura de acero similar a la Torre Eiffel, alberga exposiciones contemporáneas de video, audio y fotografía. Además, la Galería Estructura 1910, inaugurada en 2012, ofrece tres pisos con pequeños auditorios e instalaciones interactivas que cuentan la historia del monumento1. 

Subir al Monumento a la Revolución es una experiencia cautivadora. El elevador panorámico te lleva hasta las dobles cúpulas: una de piedra y otra de cobre pintado. Desde el corredor exterior, puedes admirar los alrededores, incluyendo el Palacio de Bellas Artes y el Museo Nacional de Arte. Pero la verdadera joya está en la linternilla o mirador, a más de 65 metros de altura, donde disfrutarás de una de las mejores vistas de la Ciudad de México. 

Para llegar al mirador, subes por el elevador original, y después de explorar el museo y deleitarte con las vistas, puedes visitar el Adelita Café, que ofrece productos locales de la colonia Tabacalera. Desde su reapertura, el Monumento a la Revolución se ha convertido en una parada obligada para quienes desean sumergirse en la historia de México o simplemente descubrir un lugar que enamora tanto por dentro como por fuera. 

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