Cultura

El brillo del faraón vuelve

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Redacción: Inés Arroyo 

Después de más de diez años de trabajo silencioso, un equipo de especialistas egipcios ha logrado devolver el brillo original a los tesoros de Tutankamón. Más de 150 curadores y 100 arqueólogos participaron en la restauración de miles de piezas que formarán parte de la exhibición central del Gran Museo Egipcio (GME), una de las obras culturales más ambiciosas del siglo. 

Ubicado a los pies de la meseta de Guiza, el GME abrirá sus puertas a finales de este año. Será el museo más grande del mundo dedicado a una sola civilización. Contará con más de 100 mil artefactos, la mitad en exhibición, e incluirá un laboratorio de conservación visible para los visitantes, quienes podrán observar a los restauradores en acción. 

La estrella del museo será la colección de Tutankamón, compuesta por más de cinco mil objetos. Por primera vez, se podrán ver juntos su máscara funeraria de oro, ataúdes, amuletos, collares, carros ceremoniales y dos pequeños cuerpos momificados que se cree eran sus hijas nacidas muertas. 

Muchas de estas piezas no habían sido restauradas desde su descubrimiento por el arqueólogo británico Howard Carter en 1922. En aquella época, se utilizó cera para proteger el oro, lo que con el tiempo oscureció los detalles. El equipo actual ha retirado cuidadosamente esa cera, revelando nuevamente la belleza de cada objeto. La curadora Hind Bayoumi explicó que fue un proceso meticuloso, guiado por el respeto y la precisión. 

Uno de los trabajos más complejos fue el ataúd dorado del faraón, trasladado desde su tumba en Luxor. La restauradora Fatma Magdy utilizó lupas e imágenes de archivo para unir delicadas láminas de oro, comparando el trabajo con resolver un rompecabezas. Cada fragmento fue estudiado antes de ser tocado. 

El proyecto ha contado con apoyo internacional. Japón aportó 800 millones de dólares en créditos y asistencia técnica. Además, antes de intervenir cualquier pieza, los expertos realizaron análisis fotográficos, estudios de rayos X y pruebas de materiales. La regla general fue actuar con cautela y conservar la integridad histórica de cada objeto. 

Para muchos de los restauradores, este trabajo no solo fue un desafío técnico, sino una experiencia personal. “Trabajamos con historia viva. Cada pieza nos habla”, dijo Mohamed Moustafa, restaurador de 36 años. “No solo queremos que los visitantes vean su belleza. Queremos que comprendan todo lo que hay detrás de ella”. 

El Gran Museo Egipcio promete ser más que una vitrina del pasado. Será un puente entre la historia y el presente.
¿Qué sentiremos al mirar, cara a cara, el legado intacto de un faraón que gobernó hace más de 3 mil años? 

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