Redacción: Ana Ruiz
El 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha para reflexionar, sensibilizar y, sobre todo, actuar frente a uno de los mayores retos de salud de nuestro tiempo.
El lema de este año “Abordando la crisis mundial de la obesidad” busca transmitir que la obesidad no es un problema aislado, ya que cada individuo representa una razón para actuar y la prevención es responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Cuando la obesidad comienza a edades tempranas, puede afectar de forma grave la salud y disminuir la esperanza de vida, así como problemas de autoestima y salud mental, además de limitar la capacidad para realizar actividades cotidianas.
La obesidad es uno de los principales factores de riesgo modificables para enfermedades cardiovasculares y afecta a personas de todas las edades. Un desafío colectivo que empieza en la infancia. Se estima que para 2035 la mitad de la población mundial tendrá sobrepeso u obesidad. Esto implica que un gran número de niños, niñas y adolescentes formarán parte de esta población, y que, desde ahora, los hábitos, condiciones y entornos en los que crecen pueden aumentar su riesgo de desarrollar exceso de peso.
Organismos internacionales alertan sobre el avance sostenido de una enfermedad crónica caracterizada por un exceso de grasa corporal y que ya afecta a más de 1.000 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La situación se presenta con especial gravedad en América Latina, donde cerca del 60% de la población adulta y el 33% de los menores viven con sobrepeso u obesidad, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
La obesidad hace que crezca el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles como la diabetes tipo 2, afecciones cardiovasculares e hipertensión. A nivel global, la OMS señala que la prevalencia se ha triplicado desde 1975 y calcula que en 2012 hubo al menos 3,7 millones de descensos asociadas al sobrepeso y la obesidad, alcanzando cifras récord y generando un impacto económico y social considerable.
Para evitar tener sobrepeso es importante no consumir con frecuencia productos ultra procesados y bebidas azucaradas, evitar comer porciones grandes, evitar el desvelo, mantenerse activo y bien hidratado, comer más frutas y verduras, realizar ejercicio como caminar, bailar nadar, andar en bici.
Para detener la tendencia global de la obesidad, la construcción de entornos favorables a la salud y la toma de decisiones colectivas e informadas son imprescindibles. Estas acciones, junto con el apoyo a políticas públicas centradas en el bienestar, serán determinantes para reducir el impacto de la obesidad en las siguientes generaciones.
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