Redacción: Grecia Rodríguez
Los medicamentos para perder peso como Ozempic no funcionan igual en todos: la edad, el sexo y la genética influyen en los resultados. Un estudio revela variantes genéticas que condicionan la eficacia y los efectos secundarios.
Los medicamentos para perder peso como Ozempic, Wegovy o Mounjaro han cambiado la forma en que se trata la obesidad. En muchos pacientes logran reducciones de peso sorprendentes, pero no todos viven la misma experiencia. Algunos bajan más de un 20 % de su peso; otros apenas ven cambios, y hay quienes sufren efectos secundarios como náuseas o vómitos.
Un estudio reciente publicado en Nature explica parte de esta diferencia. Los investigadores encontraron que la edad, el sexo y hasta ciertos genes influyen en cómo responde cada persona. Analizaron a más de 27,000 pacientes y encontraron dos variantes genéticas que marcan la diferencia: una ayuda a perder más kilos y otra aumenta el riesgo de molestias digestivas.
Esto le da oportunidad a lo que llaman “medicina de precisión”, que son tratamientos ajustados a las características de cada paciente. En lugar de probar y esperar resultados, los médicos podrían anticipar qué medicamento funcionará mejor, qué dosis conviene y qué efectos hay que vigilar. Las diferencias son claras: las mujeres suelen responder mejor que los hombres; las personas sin diabetes bajan más peso que quienes la padecen, y la edad juega en contra: cada década más reduce un poco la eficacia. También se han visto diferencias según la ascendencia genética, aunque los expertos advierten que ahí influyen factores sociales y ambientales, como la dieta o el acceso a la atención médica.
Los especialistas coinciden en que este estudio es un paso adelante, pero piden precaución. El efecto de las variantes genéticas es limitado y los datos provienen de un grupo con características muy concretas. Será necesario comprobar los resultados en poblaciones más diversas y con estudios independientes. Lo que sí queda claro es que la obesidad no tiene una solución única. Estos medicamentos han abierto un camino nuevo, pero también han mostrado lo difícil que es el problema. La ciencia avanza, pero aún faltan piezas para entender por completo por qué cada cuerpo responde de manera distinta.
La clave es que los medicamentos son una herramienta poderosa, pero no sustituyen la importancia de la alimentación, la actividad física y el acompañamiento médico constante. El futuro apunta a terapias más personalizadas, donde la genética, la historia clínica y el estilo de vida se unan para diseñar estrategias que realmente funcionen en cada persona. Mientras tanto, lo que este estudio deja claro es que la diversidad humana también se refleja en cómo respondemos a la ciencia, y que entender esas diferencias será esencial para avanzar hacia soluciones más efectivas.

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