Redacción: Grecia Rodriguez
El Gobierno de España declaró la antigua Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, el primer lugar de memoria democrática dedicado al colectivo LGTBIQ+. Donde encerraban a hombres homosexuales, quienes eran obligados a hacer trabajos forzados.
Ser gay en la España del régimen no era solo vivir con miedo, sino que era un delito. Y lo pagaban con trabajos forzados, humillación y los tenían años encerrados en un lugar del que nadie hablaba. La antigua Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en el centro desértico de Fuerteventura, funcionó durante más de una década. Allí mandaron a hombres homosexuales a cumplir condena por el único motivo de serlo. Este viernes, casi 60 años después, el Gobierno de España la declaró oficialmente Lugar de Memoria Democrática, convirtiéndose en el primer espacio del país dedicado a las víctimas LGTBIQ+ y el primero de Canarias.
El Gobierno lo declaró oficialmente este viernes, donde hizo un homenaje, dio discursos políticos y un reconocimiento que, aunque llegó tarde, finalmente lo otorgó. Estas personas terminaban en Tefía por el simple hecho de ser homosexuales. La dictadura modificó en 1954 la Ley de Vagos y Maleantes y una norma de la República para incluir a los gais en la misma categoría que a los que se dedicaban a la prostitución y a los drogadictos. A partir de ahí, eran declarados en “estado peligroso” y eran enviados a colonias peligrosas a trabajar. Muchos hombres trabajaron en condiciones muy poco dignas.
Durante este acto se entregaron diez declaraciones de Reconocimiento y Reparación. Algunos de los homenajeados fueron: Empar Pineda, referente del activismo lésbico en España, La Otxoa, el bilbaíno que escribió Libérate, el himno de 1979 que le puso voz al movimiento gay cuando nadie se atrevía, el exsacerdote carmelita Antonio Roig, al que corrieron por defender al colectivo, y Pedro Zerolo, el hombre que más peleó para que el matrimonio igualitario fuera ley en 2005. También Juan Curbelo Oramas, que falleció en 2004, pero fue el primero en contar públicamente en 2001 lo que había vivido dentro de Tefía.
El ministro Ángel Víctor Torres resumió todo con la frase “Ya no son ustedes personas sin papeles”. Pero quien habló en nombre de los homenajeados fue la abogada y activista Desiré Chacón: “Venimos del insulto, del desprecio social, de la humillación, de ser invisibilizadas y silenciadas, solo por ser diferentes”. También recordó que las lesbianas y las mujeres trans lo pasaron igual de mal, aunque de diferente manera. Pero el hecho de que hubiera menos expedientes no significó que hubiera menos sufrimiento. Muchas de ellas fueron denunciadas por su misma familia, las sacaron de sus casas o las encerraron en conventos.
El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, dijo que “durante muchos años, este territorio árido y aislado fue un escenario de castigo para personas cuyo único delito fue amar”. Y se comprometió a que todo esto no solo quede en algo simbólico. Tefía, antes de convertirse en un campo de castigo, era un aeropuerto abandonado. Pero ahora es memoria y, como lo advirtió Miguel Ángel Fernández, de la Fundación Zerolo: sin memoria, los derechos se debilitan. Por lo que hay que recordarlo, sobre todo cuando hay personas que no quieren que se hable de esto.

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