Deportes

Philadelphia gana, pero su ofensiva alarma a la NFL

Philadelphia

Redacción: Ximena Zarahi Moreno Luna 

Philadelphia atraviesa uno de sus peores arranques ofensivos en más de cinco décadas, encendiendo alertas pese a su estatus de campeón vigente. El talento está, pero la producción no acompaña y las dudas crecen rumbo a la recta clave de la temporada. 

Los Philadelphia Eagles viven una paradoja incómoda. Son el campeón defensor de la NFL, han ganado 20 de sus últimos 23 partidos y mantienen un récord positivo de 4-2. Sin embargo, su ofensiva atraviesa un momento que no puede ignorarse, por más éxitos recientes que respaldan al proyecto. Las cifras son contundentes y colocan al equipo en un terreno peligroso si no hay correcciones inmediatas. 

Philadelphia promedia apenas 262 yardas totales por partido, el tercer peor inicio ofensivo de la franquicia desde 1971. Las únicas dos campañas con registros inferiores se remontan a 1998 y 1999, años en los que los Eagles terminaron en el último lugar de su división. La comparación histórica no es menor y plantea un contraste preocupante con el nivel de expectativas que rodea a la actual plantilla. 

La diferencia fundamental es el contexto. Este no es un equipo en reconstrucción ni uno corto de talento. Se trata de una nómina profunda, con figuras consolidadas y con la inercia de un campeonato reciente. Precisamente por eso, la baja productividad ofensiva resulta inadmisible dentro del entorno de la organización. 

El foco de las críticas ha recaído rápidamente en Kevin Patullo, coordinador ofensivo que llegó a la temporada sin experiencia previa como responsable de mandar jugadas. La ofensiva carece de fluidez, presenta secuencias predecibles y no logra establecer una narrativa clara a lo largo de los partidos. Las defensivas rivales parecen anticipar con facilidad las intenciones de Philadelphia. 

La percepción interna no es distinta. Tras una abultada derrota ante los Giants, el tackle ofensivo Lane Johnson declaró públicamente que la ofensiva debía ser “menos previsible”. Este tipo de comentarios rara vez son positivos cuando salen del vestidor, ya que suelen reflejar frustración y posibles fisuras en la cohesión del grupo. 

Aun así, reducir el problema únicamente a Patullo sería una lectura incompleta. La línea ofensiva, castigada por lesiones, está lejos de replicar el nivel dominante mostrado la temporada anterior. Las fallas en protección de pase y en bloqueo terrestre han sido constantes, afectando directamente el funcionamiento del ataque. 

El caso de Saquon Barkley es ilustrativo. En 2024, el corredor promediaba 3.9 yardas antes del contacto; esta temporada, esa cifra se ha reducido drásticamente a 1.9. La diferencia evidencia un colapso en el trabajo de trinchera. Pese a ello, Barkley ha recibido menos oportunidades de las esperadas para un jugador que representa el principal motor ofensivo del equipo. 

En cinco de seis partidos, Barkley no ha superado las 60 yardas por tierra, una estadística difícil de justificar en un esquema que históricamente se define por establecer primero el juego terrestre. Cuando esa identidad no se impone, la ofensiva de los Eagles se estanca y pierde ritmo. 

La situación se complica con el ruido externo. A.J. Brown ha vuelto a manifestar inconformidades de manera pública. Aunque el año pasado el equipo logró sobreponerse a ese tipo de distracciones, no deja de ser una fórmula riesgosa para sostener el éxito colectivo. Las quejas tempranas, tras haber sido campeones, son un síntoma que no pasa desapercibido. 

No es la primera vez que Nick Sirianni enfrenta un escenario similar. En su momento, el entonces coordinador ofensivo Brian Johnson fue despedido tras catalogar a la ofensiva como “estancada”. Un destino similar podría aguardar a Patullo si no hay mejoras claras antes de la semana de descanso, aunque un cambio de nombre no garantiza una solución inmediata. 

Lo más llamativo es que ya se han reportado reuniones exclusivas de jugadores tan temprano en la temporada. Cuando eso sucede, generalmente indica una inconformidad profunda con la forma en que se están haciendo las cosas. Paradójicamente, aunque los jugadores son responsables de la ejecución, el coordinador suele convertirse en el principal chivo expiatorio. 

Hoy, lo único que funciona de manera consistente es el famoso “tush push”, una jugada efectiva pero polémica. Su uso reiterado incluso reavivó críticas externas, como las de Micah Parsons, quien señaló en redes sociales que “eso no es fútbol americano”. Más allá del debate estético, los Eagles han sabido ejecutar una jugada que otros no pueden replicar. 

No obstante, la NFL es un negocio de espectáculo y la lupa arbitral, especialmente con repeticiones en cámara lenta, podría terminar jugando en contra de Philadelphia. No sería sorprendente que en futuras votaciones la jugada termine prohibida. 

Los Eagles siguen siendo candidatos legítimos, pero el margen de error se reduce. Si quieren llegar vivos a las instancias decisivas, su ofensiva debe evolucionar rápidamente. Los problemas son evidentes y cada semana se vuelven más ruidosos. Sirianni ya ha demostrado saber navegar en aguas turbulentas. La pregunta es si podrá hacerlo una vez más. 

r1481857 1296x729 16 9

¿Te gustó nuestra nota? ¡Contáctanos y deja tu comentario! AQUÍ

Conoce nuestra red ANCOP Network AQUÍ

Agregar comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

enero 2026
DLMXJVS
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031