Redacción: Astrid Sánchez
Especialistas en salud cardiovascular revelan que la natación supera a las caminatas tradicionales al momento de mejorar la circulación sanguínea y fortalecer el cuerpo. Esta disciplina de bajo impacto activa todos los grupos musculares, reduce el estrés y ayuda a prevenir enfermedades del corazón sin desgastar las articulaciones.
A pesar de que los médicos y especialistas siempre nos han recomendado salir a caminar todos los días para mantener nuestro cuerpo en movimiento y evitar el sedentarismo, recientes investigaciones han salido a la luz para demostrarnos que existe una alternativa física muchísimo más eficiente y completa cuando se trata de cuidar nuestra salud cardiovascular, colocando a la natación como la disciplina reina indiscutible para aquellas personas que buscan mejorar su circulación sanguínea de una manera sumamente segura e integral.
A diferencia de los tradicionales paseos por el parque que se enfocan casi exclusivamente en el trabajo de nuestras piernas, sumergirnos en el agua nos obliga a movilizar prácticamente todos los grupos musculares de nuestro cuerpo al mismo tiempo para poder avanzar, un esfuerzo constante que hace que nuestro corazón bombee la sangre con mucha mayor eficacia gracias a la resistencia natural que ofrece el entorno acuático, logrando reducir hasta en un cuarenta y un por ciento el riesgo de padecer enfermedades cardíacas graves según los datos analizados por los expertos de la famosa Clínica Cleveland.
Por si esto fuera poco, los beneficios metabólicos que se obtienen al practicar este maravilloso deporte son verdaderamente impresionantes para pacientes de todas las edades, ya que con tan solo treinta minutos de nado a un ritmo moderado es posible quemar la misma cantidad de calorías que perderíamos en una caminata rápida de casi una hora completa, ayudando enormemente a regular la presión arterial, controlar los niveles de colesterol malo en la sangre y mejorar la forma en la que nuestro organismo procesa la glucosa, convirtiéndose en un escudo protector contra padecimientos tan comunes y peligrosos como la diabetes.
Otro de los puntos más atractivos que tiene esta actividad es que la flotabilidad del agua elimina casi por completo el molesto impacto que suelen sufrir nuestras rodillas y tobillos al momento de correr o trotar sobre el pavimento duro, abriendo una enorme puerta de posibilidades para que las personas que padecen de problemas de sobrepeso, dolores crónicos en las articulaciones, mujeres embarazadas o adultos mayores puedan ejercitarse libremente sin el miedo a sufrir una lesión traumática que los deje inactivos durante meses.
Además de los evidentes cambios positivos a nivel físico, esta práctica deportiva tiene un impacto directo y sumamente poderoso en nuestra salud mental, pues al entrar en contacto con el agua y concentrarnos en nuestra respiración el cerebro comienza a liberar grandes cantidades de serotonina y dopamina, sustancias químicas que son conocidas mundialmente por mejorar nuestro estado de ánimo en cuestión de minutos, reduciendo los niveles de estrés acumulado por el trabajo diario y combatiendo los terribles síntomas de la ansiedad o la depresión.
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