Redacción: Litzury Gamboa
La celebración del Día de Muertos en México está cada vez más cerca y lleva implícito una fascinante variedad de rituales ancestrales, festivales contemporáneos y expresiones culturales únicas en diversos estados de la República. Para quienes buscan vivir esta festividad fuera de la Ciudad de México, cinco destinos emblemáticos destacan por la riqueza de sus tradiciones, combinando espiritualidad, arte urbano y gastronomía local para honrar la memoria de los difuntos.
En el corazón de Michoacán, Pátzcuaro y la isla de Janitzio representan el epicentro del ritual purépecha de las ánimas. La noche del 1 y 2 de noviembre, las comunidades indígenas adornan los panteones y embarcaciones con miles de flores de cempasúchil y veladoras encendidas, transformando el lago en un espejo dorado mientras las familias vigilan junto a las tumbas con cantos, incienso y ofrendas tradicionales en una ceremonia solemne de profundo arraigo ancestral.
Por su parte, Oaxaca se convierte en una fiesta llena de color y misticismo a través de sus emblemáticas comparsas y calendas nocturnas. El Centro Histórico y barrios tradicionales como Jalatlaco cobran vida con comparsas musicales, gigantescos alebrijes y altares monumentales. Los visitantes pueden recorrer los campos de cempasúchil en los valles centrales, visitar el panteón general y degustar la exquisita gastronomía de la temporada, encabezada por la tradicional mole negro y el pan de yema.
En el estado de Aguascalientes, la festividad rinde homenaje al célebre grabado de José Guadalupe Posada. A través del afamado Festival de las Calaveras. Durante una semana, la ciudad alberga desfiles de carros alegóricos, montajes teatrales, pabellones gastronómicos y muestras artesanales centradas en la figura de La Catrina, fusionando el folclor tradicional con grandes expresiones artísticas y culturales dirigidas a públicos de todas las edades.
Hacia el sureste, la Riviera Maya celebra el Festival de Tradiciones de Vida y Muerte en el parque Xcaret, congregando ritos mayas en torno al Hanal Pixán o “comida de las ánimas”. Este evento reúne a comunidades indígenas de la península de Yucatán que elaboran altares autóctonos y preparan el tradicional mucbilpollo, acompañado de obras de teatro, conciertos y danzas, las cuales rescatan la cosmovisión prehispánica sobre la muerte y el inframundo.
Finalmente, el Pueblo Mágico de Chignahuapan, ubicado en la sierra norte de Puebla, ofrece una experiencia visual única con su Festival de la Luz y la Vida, que se centra en una representación teatral y dancística sobre la mística travesía de las almas a través de los nueve estratos del Mictlán. La ceremonia culmina con una impresionante caminata nocturna con antorchas desde el centro del pueblo hasta la laguna local, donde se despliega un espectáculo de luces y pirotecnia sobre plataformas flotantes.










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