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Cuando el agua devuelve movimiento y confianza la terapia acuática que acompaña a pacientes neurológicos 

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La terapia acuática se ha convertido en una herramienta de rehabilitación para personas con enfermedades neurológicas graves como ictus, ELA y lesiones medulares. El agua facilita el movimiento, reduce el peso corporal y ofrece un espacio de confianza para trabajar la movilidad y el bienestar emocional. 

Redacción Melody Escobar 

Para algunas personas, entrar a una piscina no significa solamente nadar o hacer ejercicio. En el caso de quienes viven con enfermedades neurológicas graves, el agua puede convertirse en un espacio de libertad, donde por unos momentos el peso del propio cuerpo deja de ser una barrera y aparece una posibilidad que fuera de la piscina puede parecer difícil: moverse sin miedo. En la unidad de rehabilitación acuática de la Fundación Instituto San José, más de 200 personas con padecimientos como ictus, esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o lesiones medulares encuentran en el agua una herramienta más para trabajar su movilidad y mejorar su calidad de vida.  

La terapia acuática se ha convertido en una parte importante de la rehabilitación de estos pacientes, ya que el entorno de la piscina permite realizar movimientos que, fuera del agua, pueden resultar complicados o incluso imposibles. La flotabilidad reduce parte del peso corporal y facilita que las personas puedan experimentar con su propio movimiento en condiciones diferentes. Pero el beneficio no se limita a lo físico. 

 También existe una dimensión emocional que puede ser igual de importante. Para quienes enfrentan enfermedades que afectan progresivamente su autonomía, recuperar durante algunos minutos la sensación de control sobre su cuerpo puede representar una experiencia profundamente significativa. 

 “Aquí puedo hacer cosas sin miedo” es una frase que resume el impacto que este tipo de terapia puede tener en quienes participan en ella. El agua ofrece una tregua frente a las limitaciones que acompañan gran parte de su vida cotidiana y permite que el paciente se concentre en lo que sí puede hacer, en lugar de enfocarse únicamente en aquello que ha perdido. En el caso de las personas que han sufrido un ictus, por ejemplo, la rehabilitación puede ser fundamental para trabajar diferentes capacidades afectadas.  

Para quienes viven con lesiones medulares o enfermedades neurodegenerativas, la terapia puede contribuir a mantener determinadas funciones y favorecer el bienestar físico y emocional, siempre bajo la supervisión de profesionales especializados. Más allá de los ejercicios, cada sesión representa también un espacio de acompañamiento. La rehabilitación neurológica suele ser un proceso largo y exigente, tanto para los pacientes como para sus familias. Por eso, contar con entornos donde puedan sentirse seguros y experimentar avances, por pequeños que sean, puede marcar una diferencia. 

La piscina, en este contexto, deja de ser únicamente un lugar para nadar. Se transforma en un espacio terapéutico donde el agua ayuda a disminuir las barreras físicas y, en algunos casos, también las emocionales. Porque cuando una enfermedad hace que el cuerpo se convierta en una limitación constante, encontrar un lugar donde sea posible volver a moverse con confianza puede significar mucho más que un ejercicio de rehabilitación: puede ser un momento para recuperar autonomía, esperanza y la sensación de que todavía existen nuevas formas de avanzar. 

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