Redacción: Diego Martínez
El Gobierno de la Ciudad de México inauguró un jardín de lluvia en la zona de Santa Úrsula Coapa, cerca del Estadio Azteca, como parte de un nuevo modelo de gestión hídrica. Este sistema capta, filtra e infiltra agua pluvial para reducir inundaciones y mejorar el abastecimiento, beneficiando a más de 40 mil habitantes con una infraestructura sustentable de gran escala.
La Ciudad de México comienza a apostar por nuevas formas de enfrentar uno de sus problemas más complejos, el manejo del agua, y no es un tema menor si se considera que en la capital conviven tanto la escasez como las inundaciones en distintas temporadas del año. En medio de este contexto surge una propuesta que busca atender ambos escenarios al mismo tiempo a través de infraestructura verde, integrando soluciones que no solo se enfocan en el drenaje, sino también en la recuperación del recurso.
Como parte de esta estrategia fue inaugurado recientemente un jardín de lluvia en la zona de Santa Úrsula Coapa, al sur de la ciudad, muy cerca del Estadio Azteca, un punto que además cobra relevancia rumbo a eventos internacionales en los próximos años. La obra se localiza en Circuito Estadio Azteca 1251, dentro de la alcaldía Coyoacán, en una zona que durante años ha enfrentado problemas relacionados con acumulación de agua y presión en el sistema hidráulico.
La inauguración estuvo encabezada por Clara Brugada, quien destacó que este tipo de proyectos forman parte de un cambio en la manera de gestionar el agua en la capital. La propuesta busca dejar atrás el modelo tradicional que solo canaliza y desecha el agua de lluvia, para avanzar hacia uno que permita captarla, filtrarla y devolverla al subsuelo, ayudando a la recarga de los mantos acuíferos.
El funcionamiento del jardín va mucho más allá de lo que se percibe a simple vista. El agua de lluvia que escurre desde avenidas cercanas, como la avenida Azteca, es dirigida hacia un sistema que incluye estructuras diseñadas para separar residuos, desde basura hasta grasas y sedimentos, lo que permite que el líquido continúe su recorrido con un nivel de limpieza mayor. A partir de ahí, el agua pasa por distintas capas que facilitan su infiltración en el suelo, evitando que se pierda en el drenaje urbano.
El espacio también incorpora materiales especiales que ayudan a retener la humedad durante más tiempo, lo que permite que el agua permanezca en el subsuelo en lugar de evaporarse rápidamente. Este tipo de soluciones no solo contribuyen a la recarga del acuífero, también ayudan a mantener condiciones más estables en el entorno inmediato.
El proyecto forma parte de un sistema más amplio en la zona. Se construyeron dos colectores con capacidad de mil 500 y 3 mil 500 metros cúbicos respectivamente, mientras que el jardín puede captar alrededor de mil 200 metros cúbicos. En conjunto, la infraestructura supera los 10 mil metros cúbicos de capacidad, lo que la convierte en una de las intervenciones más relevantes de este tipo en la ciudad.
La inversión destinada para esta obra ronda los 22 millones de pesos y se estima que beneficiará a más de 40 mil habitantes, quienes podrán ver mejoras tanto en la reducción de inundaciones durante la temporada de lluvias como en la disponibilidad de agua en el mediano plazo.
Más allá de los números, este jardín de lluvia representa una forma distinta de entender los espacios urbanos. No se trata solo de áreas verdes, sino de soluciones que combinan naturaleza e ingeniería para responder a problemas concretos. En una ciudad donde el agua se ha convertido en uno de los mayores desafíos, este tipo de proyectos abre la puerta a nuevas formas de adaptación y manejo del entorno.
Además, esta obra se integra a una estrategia más amplia que contempla la rehabilitación de pozos, programas de captación de agua en viviendas y la creación de nuevos puntos de infiltración en distintas zonas de la ciudad. Todo esto con la intención de construir un sistema más eficiente y resiliente frente a los efectos del cambio climático.
En ese sentido, el jardín de lluvia en Santa Úrsula no es un proyecto aislado, sino parte de una visión que busca transformar la relación entre la ciudad y el agua, pasando de un modelo reactivo a uno que aprovecha mejor los recursos disponibles y plantea soluciones a largo plazo.
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