Redacción: Javier Escárcega
Un nuevo tratamiento experimental contra la hepatitis B crónica, denominado bepirovirsen, alcanzó con éxito los objetivos primarios en ensayos clínicos de Fase 3, marcando un avance significativo en la búsqueda de una terapia finita con potencial de curación funcional para esta enfermedad viral de alta prevalencia mundial.
La hepatitis B crónica ha representado durante décadas un desafío terapéutico, pues los tratamientos disponibles controlan la replicación viral pero rara vez eliminan el virus de forma sostenida, y con frecuencia requieren terapia continua de por vida. Esta realidad podría cambiar con los resultados recientes de bepirovirsen, ya que los estudios de Fase 3 sugieren una mejora significativa sobre los protocolos actuales.
Los ensayos B-Well 1 y B-Well 2, centrales para la evaluación de bepirovirsen, incluyeron más de 1,800 pacientes en 29 países, constituyendo una de las evaluaciones clínicas más amplias de su tipo hasta la fecha. En ambos estudios, la combinación de bepirovirsen con el tratamiento estándar superó claramente al estándar de atención solo, alcanzando tasas de curación funcional estadísticamente significativas.
La curación funcional en hepatitis B implica lograr un estado clínico estable caracterizado por niveles indetectables de ADN del virus y pérdida sostenida del antígeno de superficie (HBsAg), junto con al menos 24 semanas sin recaída tras finalizar el tratamiento. Este resultado, aunque no equivale a una erradicación absoluta del virus, representa un avance clínico substancial frente a la práctica terapéutica tradicional.
El hallazgo es particularmente importante porque con los tratamientos existentes solo alrededor del 1% de los pacientes alcanza este tipo de respuesta profunda, lo que subraya el potencial transformador de bepirovirsen si se confirma su eficacia y seguridad en etapas posteriores de evaluación y en su adopción clínica futura.
Bepirovirsen pertenece a una clase de moléculas conocidas como oligonucleótidos antisentido, diseñadas para reconocer y bloquear mensajes genéticos específicos del virus, inhibiendo la replicación del ADN viral, reduciendo los niveles de antígeno de superficie e incluso estimulando la respuesta inmunológica del paciente para favorecer una respuesta duradera tras la suspensión del tratamiento.
El avance hacia una terapia finita, potencialmente de seis meses de duración, representa no solo una novedad científica sino también una nueva perspectiva para millones de personas afectadas por hepatitis B crónica a nivel global, al ofrecer un camino hacia un control más definitivo de la infección y una mejor calidad de vida clínica.



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