Redacción: Guicel Garrido
Pese a ser pionera en leyes de etiquetado, Latinoamérica enfrenta una crisis de salud sin precedentes: el 30% de sus niños padece sobrepeso. Entre la publicidad digital agresiva y la presión de los lobbys empresariales, la región lucha por frenar el avance de los ultraprocesados en un entorno donde el marketing parece ser más fuerte que la regulación.
Latinoamérica se ha convertido en el epicentro de una batalla silenciosa pero feroz. Mientras la región lidera el consumo mundial de productos ultraprocesados, una red de tácticas de marketing agresivas y la creciente injerencia corporativa están erosionando los esfuerzos legislativos por proteger a los sectores más vulnerables: los niños y adolescentes.
Las cifras son contundentes y alarmantes. Según una revisión de 54 estudios publicada en BMC Public Health, el 60% de los productos anunciados en la región son poco o nada saludables. Esta sobreexposición publicitaria tiene un correlato directo en las básculas y en los expedientes médicos. Mientras que a nivel global el sobrepeso afecta al 18% de los jóvenes, en países como México, Chile y Argentina la cifra escala al 30%.
El consumo no es casual. México ocupa el cuarto lugar mundial en consumo de estos productos (214 kg anuales per cápita), seguido de cerca por Chile y Argentina. Estos productos, diseñados en laboratorios con altos niveles de sodio, azúcares y grasas trans, no solo desplazan a la comida real, sino que se asocian con riesgos crecientes de enfermedades cardiovasculares y depresión desde edades tempranas.
La industria ha perfeccionado el arte de la persuasión. Para los niños de entre 4 y 8 años, la diferencia entre un contenido educativo y un anuncio es inexistente. Utilizando personajes, mascotas y eslóganes imperativos, las marcas logran que los menores no solo prefieran sus productos, sino que los perciban como más sabrosos.
Aunque la televisión sigue siendo un vehículo principal, el campo de batalla se ha desplazado al entorno digital. Algoritmos de segmentación en redes sociales, videojuegos y videos online crean campañas difíciles de monitorear para los reguladores, permitiendo que la publicidad llegue directamente a los dispositivos de los menores sin filtros claros.
Latinoamérica ha sido cuna de políticas valientes. Chile, con su Ley de Etiquetado de 2012, logró reducir la presencia de ultraprocesados en escuelas del 90% al 15%. Sin embargo, estos avances enfrentan hoy una contraofensiva empresarial conocida como la “puerta giratoria”, donde el lobby y el intercambio de funcionarios entre la industria y el gobierno diluyen el alcance de las leyes.
Un ejemplo reciente se observa en Argentina, donde modificaciones en los “puntos de corte” de la ley de etiquetado han permitido que productos como ciertos quesos pierdan sellos de advertencia, una medida criticada por favorecer intereses comerciales sobre la salud pública.
Expertos como Andrea Graciano y Lizbeth Tolentino-Mayo advierten que el modelo actual es insuficiente. La propuesta es clara: Latinoamérica debe mirar hacia el modelo europeo, donde se exige regulación estricta en medios digitales y se prohíbe la publicidad dirigida a menores sin autorización expresa de tutores.
La conclusión de los especialistas es una advertencia para el futuro: no basta con poner etiquetas. Es imperativo avanzar hacia un sistema que reduzca la producción misma de alimentos dañinos y garantice entornos escolares y digitales libres de la influencia de una industria que, por ahora, parece ir un paso por delante de la salud de las próximas generaciones.

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