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La columna del día Ricardo Burgos

Mejores hábitos alimenticios, un reto que salva vidas

Por Ricardo Burgos Orozco

Platicaba con un amigo sobre lo que nos ha dejado la pandemia desde su aparición en México en marzo de 2020. Una de las pocas cosas positivas fue que miles de mexicanos han cambiado sus hábitos alimenticios para bien; al principio, con el enclaustramiento, la gente empezó a pedir comida mediante las aplicaciones de mensajería y casi todo alimento chatarra, después, muchos empezaron a tomar conciencia de lo que se estaban llevando a la boca y cambiaron por productos más sanos.

A la fecha van más de 300 mil muertes por Covid en México desde marzo de 2020 hasta la fecha. Sin embargo, la diabetes, el cáncer, los padecimientos cardiovasculares, la neumonía, enfermedades crónico – respiratorias, hipertensión, obesidad y enfermedades del hígado son las principales causas de muerte. Casi todas ellas, asociadas a la mala alimentación.

Estar gorditos ya no es una opción para millones de personas porque ello provoca más de 200 mil fallecimientos al año. El principal factor es provocado por lo que comemos, sobre todo productos ultra procesados con azúcares, sodio, grasas y calorías. El consumo de bebidas azucaradas, por ejemplo, causa la muerte de 40 mil personas anualmente.

Christine Lópes, especialista de una empresa de alimentos, que busca la sustentabilidad y la orientación a sus clientes de mejores prácticas nutricionales, me comentó que hace poco hicieron una encuesta entre población abierta; el 42 por ciento redujo o pretendía bajar el consumo de sal y azúcar en el contexto de la pandemia.

La experta me comentó que muchas personas ya están conscientes que consumir un gramo menos de sal por día podría prevenir casi nueve millones de eventos cardiovasculares para 2030. Christine sugiere en este caso sustituir el sodio con la anchoveta, especie de boquerón o pez peruano, que se emplea para producir harina, sin sabor ni olor a pescado.

Habla también de que la ciencia ha desarrollado levaduras nutricionales minerales como el zinc, fósforo, hierro, magnesio, fibra y proteínas, además de estar fortificadas con vitaminas B, importantes para la salud inmunológica, el metabolismo, la producción de energía y las funciones psicológicas.

Recuerdo cuando trabajaba en la Secretaría de Educación Pública había un programa que estaba funcionando para evitar que los estudiantes, sobre todo de educación básica, consumieran productos sanos y dejaran de venderse en las cooperativas escolares

refrescos y golosinas, principalmente. Hay una ley que regula la venta de alimentos en las escuelas desde educación básica hasta universidad.

Consumir productos chatarra no está prohibido en ningún nivel educativo y tampoco a la población en general; mal haría cualquier autoridad en ejercer medidas extremas para que la gente deje de alimentarse mal. Lo mejor es el convencimiento y la persuasión y, como platica Christine Lópes, se está logrando.

El reverso de la tortilla es cuando hay personas que no tienen ni qué comer, olvídense de comida sana. Así hay millones y aumentan en cada administración sexenal.

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