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COLUMNA HORAS EXTRAS La primavera laboral aún tiene cuentas pendientes 

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Columna Daniel Lee  

El empleo crece, los salarios se recuperan y los derechos laborales avanzan; eso dice el discurso oficial. Pero hay una pregunta que las cifras oficiales todavía no pueden esquivar: ¿cuánto ha cambiado realmente la vida de quienes trabajan? 

Porque tener empleo no significa necesariamente tener un trabajo digno. Detrás de los 60.7 millones de personas ocupadas existe una realidad mucho más compleja: millones de trabajadores siguen enfrentando jornadas excesivas, prestaciones incompletas, informalidad o esquemas laborales que todavía no garantizan una protección social suficiente. 

Ese es el punto que debe colocarse en el centro del debate laboral. México ha dado pasos importantes en materia de salarios, y aquí quisiera hacer una pausa para preguntar ¿a cuantos mexicanos se les paga con salarios mínimos? Seguro que saberlo cambiará la perspectiva… 

Tampoco debe confundirse el salario mínimo con la situación salarial de todo el país. Millones de trabajadores no perciben exactamente el mínimo y enfrentan otros problemas: informalidad, ausencia de prestaciones, inestabilidad contractual o ingresos insuficientes frente al costo de vida. 

Y todavía existe una distancia entre lo que las reformas prometen y lo que el trabajador experimenta todos los días. Y esa distancia es la que determinará si estamos realmente ante una transformación laboral o simplemente ante una mejoría de los indicadores. 

Las cifras presentadas por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social son relevantes: la población ocupada aumentó en 1.3 millones de personas respecto de un año antes y alcanzó 60.7 millones en agosto. El salario mínimo acumula una recuperación real de 154% desde 2018. La jornada de 40 horas avanza hacia su aplicación gradual y nuevas categorías de trabajadores, como quienes laboran mediante plataformas digitales, comienzan a incorporarse a esquemas de protección social. 

Pero una política laboral no puede evaluarse únicamente por cuántos empleos se crean o cuánto aumenta el salario mínimo. También debe medirse por las horas que se trabajan, las prestaciones que efectivamente se reciben y la capacidad del trabajador para ejercer sus derechos sin quedar atrapado entre la necesidad de conservar el empleo y la obligación de aceptar condiciones laborales desfavorables. 

Y ahí aparecen las cuentas pendientes. 

Lo cierto es que la verdadera primavera laboral todavía está en construcción 

El mercado laboral mexicano presenta hoy un escenario contradictorio. 

Uno de cada tres asalariados carece de alguna prestación laboral en 2025. Y más de uno de cada cinco trabajadores laboraba 49 horas o más por semana. 

Por eso, el debate no debería reducirse a decidir si el mercado laboral mexicano está bien o mal. Las cifras muestran avances concretos y pendientes igualmente concretos. 

El verdadero reto para los próximos años será cerrar la brecha entre la reforma y su cumplimiento; entre el empleo y el trabajo digno; entre el aumento del salario mínimo y los ingresos reales de las familias; entre el reconocimiento de derechos y la capacidad del Estado para hacerlos respetar. 

Una transformación laboral no se mide solamente por las leyes aprobadas ni por los anuncios oficiales. Se mide cuando el trabajador puede trabajar menos sin ganar menos, cobrar mejor, tener seguridad social, ejercer sus derechos y regresar a casa sin que su jornada laboral haya consumido prácticamente toda su vida. 

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