Redacción: Carolina Herrera
Acariciar a un gato o escuchar su ronroneo puede reducir los niveles de cortisol, la hormona principal del estrés. Esta interacción tan cotidiana genera un estado de relación profunda que se transmite al dueño, mejorando su bienestar emocional.
La reducción en los niveles de cortisol, la hormona principal del estrés, es posible a la interacción más cotidiana como es acariciar al felino o poder apreciar el adorable ronroneo que transmite al tener un momento de relajación profunda, estado que transmite al dueño.
La elección de tener un gato como compañero de vida aporta la respuesta a una mejora física y emocional. Su presencia indica una atenuación al padecer enfermedades cardiovasculares en personas propensas, así lo señala una investigación de la revista Journal of Vascular and Interventional Neurology. En situaciones de estrés crónico, el estado de tranquilidad provocado por el sencillo contacto físico con la mascota tiene efectos fisiológicos concretos que favorecen a la salud cardiovascular, minimizando la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
Vivir con un mínimo mejora considerablemente el bienestar emocional. Las vibraciones de su ronroneo liberan hormonas de serotonina y endorfinas, neurotransmisores con un efecto en la salud mental. Al igual que su compañía y apoyo emocional actúa como un estabilizador para las personas que experimentan episodios de soledad, depresión o ansiedad; la sensación de seguridad al realizar toda una rutina completa de cuidados hacia este animal introduce un sentido de responsabilidad y motivación a pesar de pasar por momentos difíciles.
El valioso vínculo humano-animal, que se genera con la convivencia del día a día, aporta beneficios terapéuticos fomenta una favorecida salud mental con solo el hecho de adoptar, proteger, mimar y apreciar la compañía inigualable de un gatito.
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