Redacción: Ximena Zarahi Moreno Luna
Expertos anticipan el fin de maquillajes rígidos, técnicas extremas y estéticas clonadas ante una nueva era más personal y consciente.
En el universo de la belleza, la permanencia es una ilusión. Lo que ayer dominaba pasarelas, redes sociales y tocadores personales, hoy comienza a mostrar signos de agotamiento. De cara a 2026, expertos en maquillaje, peluquería y cuidado personal coinciden en que varias tendencias que parecían incuestionables están perdiendo fuerza, dando paso a una estética más honesta, flexible y alineada con la individualidad.
La industria beauty evoluciona al mismo ritmo que la moda y la cultura digital. El ciclo acelerado de tendencias impulsado por plataformas como Instagram y TikTok ha provocado una saturación visual que hoy comienza a generar fatiga. Frente a ese escenario, el próximo año apunta hacia un giro claro: menos artificio, más intención; menos perfección forzada, más expresión personal.
Uno de los primeros cambios se observa en el maquillaje de la piel. El corrector mate y excesivamente brillante, utilizado durante años para “borrar” ojeras y texturas naturales, empieza a verse anticuado. Los especialistas señalan que en 2026 se priorizará la dimensión real del rostro: contornos de ojos hidratados, con luz natural, sin capas pesadas de polvo que uniformen en exceso. La profundidad propia de la mirada dejará de ocultarse para convertirse en la base del look.
Las cejas laminadas, símbolo de la estética rígida y pulida de los últimos años, también comienzan a perder protagonismo. Aunque no desaparecerán por completo, ya no serán la norma. La tendencia apunta hacia cejas con textura, movimiento y cierta imperfección controlada, devolviendo protagonismo a la forma natural del rostro.
Otro fenómeno que entra en fase de despedida es la llamada “piel de cristal” o “donut glaseado”. Si bien fue uno de los grandes éxitos del beauty reciente, su alto mantenimiento y poca durabilidad durante el día han provocado un cansancio colectivo. En su lugar, el brillo satinado, saludable y estratégico se posiciona como la alternativa: una luminosidad que recuerda a la piel después de un tratamiento facial, sin el efecto mojado extremo.
En el mundo de las uñas, la manicura de ojos de gato vive una transición interesante. No desaparece, pero se transforma. Los brillos gruesos y evidentes ceden terreno a partículas magnéticas ultra finas, con acabados gelatinosos y semiopacos. El resultado es más sutil, aterciopelado y sofisticado, alineado con la búsqueda de refinamiento que marcará el año.
Más allá de técnicas específicas, uno de los conceptos que más peso pierde es la persecución constante de microtendencias. La llamada “fatiga de tendencias” se instala con fuerza en 2026. Cambiar de productos, estilos y rutinas cada pocas semanas se ha vuelto agotador, tanto emocional como económicamente. El nuevo enfoque invita a encontrar una voz propia dentro del cuidado personal, sin depender del ciclo inmediato de lo viral.
En peinados, el bun despeinado comienza a quedar relegado. Aunque seguirá teniendo su espacio, los expertos coinciden en que los recogidos elegantes, pulidos y estructurados serán los protagonistas. Esta transición refleja una búsqueda de orden visual y sofisticación, sin caer en rigidez extrema.
Las tendencias homogeneizadas, aquellas que buscaban que todos lucieran iguales, también entran en declive. El 2026 se perfila como un año donde la belleza se concibe como herramienta de expresión individual. El maquillaje y los rituales de cuidado dejan de ser una fórmula universal para convertirse en un lenguaje personal.
En cuanto al cabello, las melenas extra largas pierden terreno frente a cortes como el bob y el lob, que se consolidan como los grandes protagonistas del año. Estos estilos no solo aportan frescura, sino también versatilidad y una estética moderna que dialoga mejor con el ritmo actual de vida.
Finalmente, el llamado “makeup no makeup” comienza a mostrar signos de desgaste. Fingir que el maquillaje no lleva esfuerzo deja de ser aspiracional. En 2026 se valorará más el proceso creativo visible, la intención detrás del look y la honestidad estética.
Incluso en coloración, los tintes por inmersión y los tonos excesivamente estridentes se despiden. La paleta se mueve hacia colores intensos pero sofisticados: caramelos, marrones profundos y rubios luminosos que transmiten lujo, cuidado y permanencia.
En conjunto, estas transformaciones confirman que la belleza del futuro no busca borrar identidades, sino amplificarlas. El 2026 no elimina tendencias: las redefine desde un lugar más consciente, personal y duradero.



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