Redacción: Enrique Hernández
La Semana Santa es, para millones de mexicanos, uno de los periodos más significativos del año. Más allá de su raíz religiosa —la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo—, esta celebración se ha convertido en un crisol de fe, tradición, cultura y vida comunitaria en todo el país.
Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, las calles de muchas ciudades mexicanas se llenan de procesiones, altares, representaciones teatrales y actos de recogimiento. Una de las expresiones más emblemáticas es la Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa, Ciudad de México, donde más de 5,000 actores voluntarios dan vida al Vía Crucis frente a multitudes que superan el millón de personas. Esta tradición, que se remonta a 1843, no solo es una manifestación de fe, sino también un acto de identidad colectiva profundamente arraigado.
En regiones como Taxco (Guerrero), San Luis Potosí, Oaxaca, Querétaro, Chiapas y Puebla, se viven procesiones solemnes y actos litúrgicos cargados de simbolismo. En Taxco, por ejemplo, los penitentes caminan descalzos, encadenados y con coronas de espinas, ofreciendo sacrificios por redención o agradecimiento.
La Semana Santa también es una fecha clave en lo social: durante este periodo, muchas escuelas y empresas otorgan vacaciones, lo que permite que las familias se reúnan y, en muchos casos, se trasladen a sus pueblos de origen o destinos turísticos. Es habitual que los pueblos se llenen de actividad, mientras que las playas y centros vacacionales reciben a miles de visitantes.
Otra faceta importante es la gastronomía, que se adapta a la costumbre católica de no consumir carne roja durante la semana. Esto ha generado una rica tradición culinaria basada en pescados, mariscos, nopales, lentejas y platillos como las tortitas de camarón, romeritos, capirotada o tamales de pescado. Las recetas, muchas de ellas heredadas por generaciones, hacen de esta temporada una experiencia sensorial y familiar muy especial.
La Semana Santa también tiene un impacto económico significativo: representa una de las temporadas altas en el sector turístico y de comercio local. Hoteles, restaurantes, mercados y transporte público registran aumentos de actividad, especialmente en estados costeros como Veracruz, Guerrero, Jalisco, Oaxaca y Yucatán.
A nivel espiritual, es un momento de reflexión, silencio y renovación. Muchos fieles participan en retiros, misas, viacrucis o visitas a los siete templos, buscando reconectar con su fe. Otros aprovechan para renovar sus vínculos con la naturaleza, la familia o incluso consigo mismos.
En síntesis, la Semana Santa en México no solo es un tiempo litúrgico, sino un ritual nacional que une distintas regiones, generaciones y creencias en torno a la espiritualidad, la identidad y la comunidad.



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