Sueños a la vista

A cierta edad o bajo ciertas circunstancias uno va a la cocina y se pregunta “¿a qué venía?” y es que a veces la mente anda en otro lado o el cansancio y las ocupaciones hacen de las suyas y uno como que se olvida, se desanima, se agota, como que pierde el rumbo y se pregunta ¿a qué era que venía?




Esta semana me he encontrado con varios mensajitos en los que señalan la importancia de la disciplina versus la motivación dado que uno no siempre andará con el ánimo a tope, la sonrisa maravillosa y la energía a mil para luchar y trabajar por alcanzar los sueños. Y es que sucede que el día que te decides a hacer algo, amaneces así, con capa, música poderosa de fondo y todo, tal vez el día siguiente cuando planeas el asunto igual pero cuando eso por lo que estás trabajando tarda algunos años puede ser que amanezcas un día sin ganas de levantarte, con el Norte fuera de foco, sin capa y ya ni música que te anime, ni para lavarte los dientes.

A esa sensación de desgano podríamos sumar y acumular aquellos días que se sienten pesados, cargados de dificultades o cosas que resolver que no tienen sentido, el efecto de los malos hábitos, las relaciones o situaciones que nos roban energía, y entonces empieza a aparecer el desánimo, los pensamientos negativos sobre nuestro desempeño o nuestra capacidad para hacer las cosas o incluso para vivir, y eso, se convierte en una bola de nieve en crecimiento exponencial que nos aplasta, si esos días se convierten en temporadas largas.

Nunca lo hago, pero hoy me voy a arriesgar a darte dos malas noticias: 1. las “ganas” no las venden en ningún lugar y 2. Esas cosas que quieres para ti no se van a hacer solas.




Así que, necesitamos dejar de lado la idea de “cuando me den ganas” (y similares) porque podrían no aparecer en un buen tiempo por un sinfín de razones que no vamos a explorar aquí y es tiempo que se pierde esperando en vez de ir trabajando por los sueños, además puede ser que en el camino la misma acción se convierta en “motivación” y energía para seguir adelante.

Entonces, como las cosas no se van a hacer solas, eso que queremos si o si vamos a tener que hacerlo, ¿qué podemos hacer entonces para impulsarnos hacia adelante?




Aquí algunas ideas (que no son suficientes, ni únicas, ni milagrosas por sí solas o en sí mismas pero que pueden ser punta de lanza):

• Establecer una rutina por la mañana que te empodere, te nutra y te recuerde lo que quieres hacer o conseguir. Desayuna algo que te de energía, algo que te guste. Hay muchísimos textos que hablan sobre rutinas matutinas que pueden ayudarte, sólo encuentra la que a ti te funciona, por que se trata de eso, de ti y de lo que funciona para ti.
• Pon a la vista algún objeto, fotografía, post-it, recuerdo, lo que sea que no te deje olvidar ese sueño o meta que quieres alcanzar, cámbialo con frecuencia porque después de un rato deja uno de ver las cosas que están en los mismos lugares, y cuando lo mires trata de evocar sensaciones placenteras, de alegría, triunfo para que te “jalen” hacia adelante y te ayuden un poquito a despegarte de esas sensaciones de desánimo o desgano.
• Hazte un play-list de música “poderosa”, seguro tienes en tu mente canciones que te hacen sentir feliz o poderoso, inalcanzable, imparable, reúnelas y cuando sientas que necesitas un “empujón” dale play, escúchalas cuando te estés arreglando, cuando vayas en el tráfico, antes de una reunión importante y sobre todo cuando te sientas “bajoneado”.




• Busca a alguien que te inspire, conócelo, pregúntate qué hizo para alcanzar sus sueños, cómo supero las dificultades.
• Haz una lista de esas pequeñas y simples cosas que te gustan y te hacen feliz, y procura realizarlas con regularidad, puede ser salir a caminar o correr, tomar un café con alguna amiga, bailar, leer, ver alguna serie, dibujar, tejer, etc., etc., etc.
• Acércate a tus amigas (os) que te conocen, saben quién eres y les importas, comparte como te sientes y permite que te echen porras.
• Como haya sido, vive el día y por la noche, agradece y déjalo ir.

Puede ser que a lo anterior no le encuentres sentido o digas “pero es que no tengo ganas” y esta bien, pero sólo inténtalo, aunque no tengas “ganas”, ni ánimos, ni energía, ¡hazlo!




Y por supuesto, si por más estrategias, truquitos, porras, herramientas, rutinas y disciplina la cosa no marcha, no avanza, sientes que algo no jala por favor acude a un especialista, a veces es el cuerpo que algo le sucede y necesita ser atendido con otros medios.

Que no se te olvide a que venías, pon tus sueños a la vista, dónde puedas verlos, para que, si algún día la motivación te falla, rompes la disciplina o la vida se pone difícil no te olvides que ahí están, que en algún momento se podría abrir un camino inesperado y tu podrías retomar.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *